 |
La primera década del siglo 21 marca un cambio drástico para las personas con problemas auditivos y desde entonces, por primera vez a nivel mundial, existen las herramientas para que niños con sorderas, incluyendo las sorderas severas y profundas, puedan adquirir un lenguaje oral que iguala a la de sus pares normo-oyentes al momento de ingresar a un kinder o primer grado. Esto se ha logrado gracias a los programas de “Early Hearing Detection and Intervention” (Detección e Intervención Temprana de la Sordera) y los avances en la tecnología que han permitido detectar y tratar la hipoacusia desde que nace el niño. Y aunque nuestro país ha hecho importantes esfuerzos para brindar la mejor tecnología audioprotésica, como por ejemplo el programa de Implantes Cocleares en el servicio de ORL del Hospital México, no contamos aún con muchos aspectos importantes para obtener los mejores resultados: la detección y el diagnóstico temprano de la sordera; así como una adecuada (re)habilitación.
Debido a que la sordera es una condición “invisible” resulta difícil para los padres e incluso los profesionales detectarla en forma temprana, dando como resultado un retardo muy importante en el desarrollo cerebral del lenguaje. Desafortunadamente esta es una realidad diaria en nuestro país y en muchos otros países. Por ejemplo, hasta hace poco, el promedio de edad para detectar la sordera en los Estados Unidos era de 30 meses (Harrison M, 1996), momento en el que ya pasó el período óptimo para la adquisición del lenguaje (Ruben RJ, 1997; Lenneberg EH, 1967). Sin embargo, los programas de Detección e Intervención Temprana de la Sordera (DITS) han evidenciado una reducción en la edad promedio para identificar la sordera a 6 meses o menos (Vohr BR, 1998; Dalzell L, 2000; Stein LK, 1995).
En los EEUU el tamizaje auditivo neonatal se ha convertido en un estándar de calidad y actualmente es mandatario en 41 estados, al igual que en México y Argentina. Esto ha permitido que el 95% de todos los recién nacidos en los EEUU sean actualmente tamizados por sordera antes de su egreso hospitalario, representando un incremento significativo desde hace 15 años cuando sólo el 3% de los recién nacidos recibían este servicio. Además cada estado tiene un Programa de EHDI (DITS) para ayudar a las familias con el tratamiento que se debe dar a los niños que no pasan el tamizaje.
Según las estadísticas de los programas Detección e Intervención Temprana de la Sordera se están identificando entre dos y cuatro por cada 1000 niños con hipoacusia neonatal (O´Neal J,2000). Si tomamos en cuenta la intensidad de la pérdida auditiva que se detecta, se estima que uno de cada 1000 niños nace con hipoacusia neurosensorial bilateral mayor o igual a 40 dB, de los cuales 4 de cada 10 000 presentan una hipoacusia neurosensorial profunda (Smith R, 2005). En Costa Rica para el año 2005 se reportaron 72 247 nacimientos (Indicadores Básicos 2005, Situación de la Salud en Costa Rica, Ministerio de Salud, Caja Costarricense del Seguro Social y Organización Panamericana de la Salud) de los cuales se estima que 70 niños nacieron con una hipoacusia neurosensorial bilateral de al menos 40 dB y en 30 de ellos la sordera debería ser profunda (>90 dB). De hecho, la pérdida auditiva permanente (la hipoacusia neurosensorial) es el defecto sensorial más frecuente en países desarrollados y una de las anomalías congénitas más comunes. Por ejemplo, datos del Departamento de Salud de Texas (1996) demostró que de cada 100,000 bebes tamizados por trastornos metabólicos, 4 presentan drepanocitosis, 3 fenilcetonuria, 28 hipotiroidismo, 2 galactosemia y 2 hiperplasia suprarrenal. En esta misma población entre 220 y 314 presentan hipoacusia. Se demuestra entonces que la prevalencia de hipoacusia es mayor que el doble de la suma de todos los demás desórdenes tamizados en recién nacidos (Yoshinaga-Itano, 1998).
El costo de los programas de tamizaje auditivo neonatal universal es bastante bajo. Utilizando la tecnología actual, el costo por cada bebé tamizado se encuentra entre $20 y $60 (O´Neal J, 2000). Si comparamos este costo con los programas de tamizaje metabólico neonatal, el detectar sordera es diez veces más económico que identificar a los recién nacidos con enfermedades metabólicas como fenilcetonuria, hipotiroidismo o drepanocitosis (Jonson, MJ. 1993). Por otro lado, varios estudios demuestran que para el momento en que un niño con sordera se gradúa del colegio, más de $400.00 pueden ahorrarse si el niño es identificado en forma temprana brindándole los servicios educativos, médicos y audiológicos apropiados. Estos ahorros en la educación especial cubren por mucho el costo de un tamizaje auditivo neonatal (White KR, 1995).
Según las normativas gubernamentales de los Estados Unidos Healthy People 2000 y Healthy People 2010 del U.S. Public Health Service se recomienda realizar el tamizaje para la sordera en todos los niños recién nacidos, antes de que cumplan un mes de edad, para poder confirmar un diagnóstico de sordera alrededor de los 3 meses de edad, y someter a los niños en servicios apropiados de intervención antes de los 6 meses de edad. Con respecto a normativas no gubernamentales, la American Academy of Pediatrics y el Joint Committee on Infant Hearing (JCIH) recomiendan que todos los infantes con hipoacusia deben ser identificados antes de los 3 meses de edad y recibir intervención antes de los 6 meses de edad (el JCIH está compuesto por representantes de la American Academy of Audiology, American Speech-Language-Hearing Association, American Academy of Otolaryngology-Head and Neck Surgery, American Academy of Pediatrics, Councils for the Education of the Deaf y los Directors of Speech and Hearing Programs in State Health and Welfare Agencies). Otros organismos que soportan los programas de tamizaje universal de la sordera son la Maternal and Child Health Bureau (MCHB) y los Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
|
 |